Gobierno se debate entre más inflación o menos crecimiento

 Caracas Ago 05 (El Universal) La economía venezolana sufre dos trastornos de forma simultánea. Mientras la inflación avanza y carcome la capacidad de compra del salario el crecimiento languidece, amenazando con caída de la producción y menos empleo. Se trata de una patología complicada porque, explican analistas, el tratamiento para corregir una de las dolencias agrava a la otra.

 

En los primeros seis meses de este año la inflación registra un salto explosivo de 25% que obligaría a recortar el gasto público para disminuir la demanda y quitarle impulso a los precios.

 

Pero al mismo tiempo esta medida afectaría al consumo y la inversión pública, que en medio del repliegue del sector privado son la principal fuente de vitaminas para una economía que se debilita y solo creció 0,7% en el primer trimestre.

 

Como el ingreso petrolero y la recaudación de impuestos no son suficientes para cubrir el gasto el Gobierno tiene un déficit de 15% del PIB, por lo tanto, la vía para no bajar los desembolsos y mantener la transfusión de recursos es que el Banco Central continúe imprimiendo billetes y, más bolívares creados artificialmente detrás de la misma cantidad de productos, se traduce en alzas de precios.

 

El economista Miguel Angel Santos explica que si de cara a las elecciones de diciembre la elección es mantener el gasto público el impacto en la inflación será fuerte.

 

"El Gobierno tiene un déficit de 15% del PIB y para cubrirlo se plantea recurrir al endeudamiento por 8,6% del PIB e imprimir dinero para tapar el resto. Esta impresión de dinero equivaldría a un aumento de la liquidez de 70%. A este ritmo, con la economía estancada sólo cabe prever más inflación. Si en el segundo semestre los alimentos tienen el mismo incremento del primer semestre hablamos de un salto de precios de 83% en el año".

 

A manera de resumen señala que el Gobierno "o recorta el gasto para reducir el déficit, y se viene abajo la producción y el empleo con una inflación menor; o sigue imprimiendo billetes a mansalva y aproxima el PIB a cero, con una inflación todavía mayor".

 

José Guerra, economista y profesor de la Universidad Central de Venezuela, comparte la idea de que aún manteniendo el gasto público el crecimiento de la economía será poco.

 

"Esta expansión fiscal con impresión de dinero alimenta la demanda pero obliga a elevar las importaciones que además están estimuladas por un tipo de cambio artificialmente barato, entonces una parte importante del efecto del gasto se filtra al exterior".

 

Añade que "cuando el alza de las importaciones y la deuda en la que se incurre para mantener el gasto se hacen insostenibles no queda más alternativa que devaluar la moneda, es un círculo vicioso".

 

Reloj electoral

 

En un entorno en el que encuestas como la del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD) registran que la percepción de la población sobre la marcha de la economía es negativa y el calendario electoral marca elecciones de alcaldes en diciembre, todo apunta a que el Gobierno optará por mantener el gasto.

 

La encuesta del IVAD, elaborada entre el 19 y el 26 de julio indica que 65 de cada 100 venezolanos tiene una percepción negativa sobre la economía del país y consideran que la situación ha empeorado respecto al año pasado.

 

Al mantener el gasto en transferencias, sueldos, proyectos, el Gobierno aliviaría la caída de la economía al mismo tiempo que intentaría contener el impacto de la inflación con subsidios y retardando el incremento en el precio de los productos controlados.

 

No será fácil. La experiencia indica que mantener sin variación el precio de los productos controlados se traduce en escasez, otra variable que comienza a estar fuera de control.

 

En junio, de cada 100 productos que los consumidores solicitaron en abastos, supermercados y toda la red de establecimientos que cubre al país, 19 tenían fallas de abastecimiento versus 11,7 en junio de 2012.

 

Todo indica que para disminuir la escasez el Gobierno no tendrá más alternativa que permitir nuevos incrementos en productos regulados como pastas, pan, azúcar, aceites, arroz, café y harina.

 

Miguel Angel Santos considera que para salir de la trampa que lleva a elegir entre más inflación o menos crecimiento un gobierno distinto al de Nicolás Maduro podría "cambiar las expectativas para que aumente la inversión privada a fin de que el recorte de gasto público no tenga un impacto fuerte en el crecimiento".

 

"Pero en el esquema actual solo queda elegir entre infierno uno, alta inflación, o el infierno dos, estancamiento o caída del PIB", concluye.