Producción estatal de autos continúa sin despegar

 Caracas Feb 10 (El Universal) Comprar un carro cada vez es más difícil. Los consumidores visitan concesionarios de redes privadas, pero están vacíos. En los sistemas de venta estatales tampoco hay opciones.

 

Para infortunio de quienes sueñan con un cero kilómetros la industria automotriz está en uno de sus peores momentos por la política del Ejecutivo nacional hacia el sector y el sueño del Estado ensamblador no termina de consolidarse.

 

El 30 de enero el viceministro de Industrias, Carlos Faría, se reunió con directivos de las empresas iraníes socias en Venirauto, la primera automotriz que auspició Hugo Chávez.

 

Sus palabras son el reconocimiento de un fracaso y confirman la versión de trabajadores, que desde hace meses, han denunciado una paralización de la compañía. "Esta reunión se llevó adelante bajo las líneas claras del ministro Wilmer Barrientos, quien nos indicó que lo principal es enfocarnos en el relanzamiento y arranque efectivo de todas las operaciones de Venirauto", dijo Faría.

 

El funcionario agregó que el ministro Barrientos "quiere que a toda costa podamos llegar a los acuerdos necesarios para ensamblar vehículos a través de una empresa generadora de empleo".

 

Más ruido que resultados

 

Chávez inauguró a finales de 2006 la planta de Venirauto, en el estado Aragua, pero los números son desalentadores. El informe de gestión 2012 de Venirauto -último disponible-, reveló que ese año apenas se armaron 3.595 vehículos. La cifra representó 13,7% menos que la producción del 2011.

 

El rendimiento de 2012 apenas supuso 22% de la capacidad instalada o de la "tasa de uso", estimada en 16.000 unidades.

 

Pese al fracaso de Venirauto, el Ejecutivo nacional insistió en participar en la industria automotriz hasta el punto de supeditar la aprobación de convenios de ensamblaje a la creación de compañías mixtas. Así nació la Corporación ZGT, responsable del ensamblaje de los autos de la marca china Chery. Aunque tampoco ha cumplido las metas trazadas, sus resultados son superiores a los de Venirauto. La planta se inauguró en Las Tejerías, estado Aragua, en agosto de 2011. Desde entonces hasta el cierre del primer trimestre de 2013 colocó en la calle 13.890 carros.

 

El objetivo del ministerio de Industrias apuntaba a un ensamblaje de 18.800 unidades sólo en 2012. De acuerdo a una información emitida por el ministerio de Industrias el pasado 6 de febrero la empresa alcanzó recientemente su "máxima capacidad operativa" y produce 80 unidades diarias.

 

El Consorcio Industrial Venezolano de Tecnología China (Civetchi) es otra compañía que surgió bajo la figura de empresa mixta. Aunque la compañía no ha divulgado sus cifras de producción, la Federación Unitaria de Trabajadores Automotrices indicó el pasado viernes en un comunicado que habla sobre la situación general de la industria que Civetchi comercializó 8.831 unidades, pero que sólo el 3% "se produjo en la planta de Valencia" y el "resto fue importación".

 

Esos rendimientos tan bajos limitan la venta de autos en el sistema Venezuela Productiva Automotriz, a través del cual el Estado comercializaría la producción de sus empresas. Según el ministerio de Industria, entre junio y diciembre de 2013 apenas vendieron 7 mil carros, pero más de 300 mil personas se registraron en esa plataforma y aún esperan por un auto.

 

Desplome del sector privado

 

El experimento del Estado en la industria automotriz ha ido en paralelo a la asfixia de las ensambladoras privadas instaladas en el país desde hace décadas. Entre 2007 y 2013 la producción de esas automotrices cayó 58% al pasar de poco más de 172 mil vehículos a tan sólo 71 mil unidades. La falta de divisas, el retraso en la emisión de los permisos para importar el material de ensamblaje y los conflictos laborales explican el desplome.

 

En enero de este año sólo 2 de las siete ensambladoras agrupadas en Cavenez pudieron iniciar producción debido a la parálisis en la liquidación de las divisas. En el primer mes del año apenas se armaron 296 autos, lo que constituye el peor registro para el sector en once años.